Un escritor ecuatoriano por España y el mundo
Un escritor ecuatoriano por el mundo
Por Elvis Orellana Espinoza. Ecuador, 2023.
Era un inmenso muro de piedra junto al Río Santa Bárbara, años antes había servido como canal de agua. Junto al mismo había un puente de madera conocido como el Bimbambum y a doscientos metros estaba el Hospital Viejo. Gualaceo es un pueblo andino de aproximadamente cincuenta mil habitantes al sur del Ecuador, en la provincia del Azuay.
Este pueblo está aproximadamente a dos mil doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar y la mayoría de sus habitantes practican la religión católica. Sus principales festividades giran alrededor de sus creencias religiosas, como la Navidad (diciembre), la Semana Santa (40 días después del miércoles Santo) y las Fiestas de Santiago El Mayor o Patrón Santiago (julio); sin embargo, también existen otras fiestas paganas y civiles como el Carnaval (por lo general entre febrero y marzo) y el 25 de junio (cantonización).
A los alrededores del pueblo había una gran cantidad de bosques, páramos y ecosistemas naturales, de dónde nacían los cuatro principales ríos que cruzan el mismo (Santa Bárbara, San Francisco, Guaymincay y San José). En el sector más rural la gente se dedica a la agricultura y la producción en pequeña escala de hortalizas, frutales y maíz, así como a la ganadería para la producción de cárnicos y lácteos. Pero también muchos campesinos han emigrado hacia los Estados Unidos ya que el sector agropecuario no genera los recursos económicos como para tener un nivel de consumo bueno.
Alejandro Delgado es un joven del pueblo de aproximadamente veinte años, piel canela, ojos castaños, cabello oscuro y una estatura de un metro setenta y cinco –más alto que el común de los hombres de su zona-. Siempre estuvo en una escuela y colegio de reverendos Hermanos Cristianos.
Corren los principios de los años noventa del siglo veinte, Alejandro está por terminar sus estudios en su colegio, vive con su madre y hermano junto a la Plaza Central; su padre Luis Fernando Delgado vive en la ciudad de New York en los Estados Unidos desde que él tenía siete años; les envía dinero mes a mes para que puedan sostenerse económicamente en su vida diaria y darse algunos lujos de vez en cuando.
Su madre, Ernestina es una fiel practicante de la fe católica como muchas personas y familias de su pueblo, asiste a misa dos días a la semana, además que participa de un grupo de lectura de la biblia todos los días martes por la noche. Su hermano Miguel tiene veintiocho años, soltero, ingeniero eléctrico; tiene un negocio de insumos eléctricos y electrónicos que le da mucho dinero y buen posicionamiento económico.
La mayoría de las amistades de Alejandro tienen a sus padres en los Estados Unidos, ya que en el pueblo hubo dos grandes olas migratorias desde los años setenta hacia el país del norte, en un sector denominado Patchogue en Long Island del Estado de Nueva York. Casi todos los hijos de emigrantes cuentan con ropa fina de marcas internacionales, buenos electrodomésticos, vehículos caros, computadores y celulares de último modelo.
Pedro Arizaga es el mejor amigo de Alejandro, desde niño ha disfrutado mucho jugando fútbol en diferentes escenarios deportivos o estadios en los cuales asistían como público los padres, madres y familiares de los estudiantes. Pedro soñaba jugar fútbol profesional de su país, sin embargo, carecía de fuentes de financiamiento y personas que le apoyen; el régimen autoritario en el que vive no permite que él destaque, por ello se le han cerrado las puertas y las oportunidades en este deporte.
Sildabia Fútbol Club es el club con más seguidores en el pueblo, ya que participaba en el Campeonato Ecuatoriano de Fútbol, es financiado en un ochenta por ciento por el gobierno del pueblo como estrategia de marketing y publicidad, eso le daba réditos políticos al alcalde y a su partido político.
El padre Ignacio Serrano (sacerdote) tiene mucha autoridad y poder sobre las creencias, la psicología, el comportamiento, la educación y el estilo de vida de sus habitantes. El obispo y la Iglesia son propietarios de tres escuelas, dos colegios, un periódico y una radio.
El alcalde del pueblo, don Juan Marcos Bacchi, es miembro del mismo partido del gobierno nacional, así como sus cinco concejales. Juan Marcos Bacchi es un histórico político representante del progresismo populista socialista, así como también un médico recién graduado.
Los más grandes empresarios del pueblo habían hecho y hacen su fortuna en base a sus negocios ocultos relacionados con el narcotráfico, el tráfico de personas (coyoterimo) y la usura (chulco); sin embargo, para disimular también tenía empresas relacionadas con turismo, calzado y gasolineras, así como hacían obras sociales por medio de sus fundaciones caritativas y cuando era priostes en las festividades de los santos católicos como de San Cristóbal y de la Virgen de las Nubes; así podían ser librados de culpa y tener más tranquila la conciencia.
En las fiestas y discotecas del pueblo se baila el famoso merengue que tuvo sus orígenes la República Dominicana, así como también está de moda la salsa, que es un ritmo que surgió en las comunidades afrocubanas y afroamericanas de los barrios populares ubicados en New York (Estados Unidos).
Por otro lado, los adolescentes y jóvenes como Alejandro disfrutan del rock, tanto en inglés como en español; varios grupos están de moda como Pink Floyd, Queen, Metallicca, AC-DC, Nirvana, Héroes del Silencio, Ángeles del Infierno, Maná, Rata Blanca, Soda Stereo, Los Prisioneros, Vilma Palma, Enanitos Verdes, Caifanes, Jaguares, Molotov, Medina Azahara. También en la ciudad de Cuenca algunos grupos de rock nativo han empezado a tocar al aire libre, en los barrios, colegios y festividades como Basca, Bajo Sueños, Sobrepeso, La Dueña, entre otros.
A Alejandro le apasiona la lectura, sin embargo, en su pueblo la sociedad ha caído en los brazos del consumismo sustentadas básicamente por las remesas enviadas por los emigrantes hacia sus familias; la sociedad moderna del pueblo más valora la televisión y el cine que la literatura, incluso poco a poco las personas empezaron a adquirir computadoras y celulares para no estar alejados de la sociedad tecnológica moderna.
Ya a finales de los años noventa, mientras Alejandro estaba en una cafetería con sus amigos un fin de semana, al momento de hacer su pago, se encuentra con un señor llamado Carlos Matus quién tiene una afición por el ocultismo y la parapsicología. Matus le invita a Alejandro a asistir a una charla que dictará sobre Historia del Ocultismo en la ciudad de Cuenca, que está ubicada a unos treinta y cinco kilómetros de Gualaceo.
Alejandro en el diálogo con Matus queda con varios interrogantes, inquietudes y ganas de aprender sobre este misterioso personaje. Así que espera que pasen los días para asistir a la charla curso que le había invitado. Mientras tanto Alejandro ha estado leyendo un libro sobre Psicología y Alquimia de Carl Gustav Jung (el gran psiquiatra suizo), que le había recomendado en la librería del pueblo su dueño, don Salvador Méndez.
Méndez es un personaje histórico en el pueblo de Gualaceo, aunque es tildado de loco o esquizofrénico por muchos; es un apasionado por la lectura de Lovecraft, Edgar Allan Poe, Aleister Crowley, Assenath Mason, Anton Sandor Lavey, Thomas Karlsson, Ruth Rodríguez Sotomayor, Juan Moricz, Mario Mendoza, Sixto Paz Wells, Fulcanelli y temas relacionados con el misterio y el terror. La librería está situada en el cruce de las calles Gran Colombia y 9 de Octubre, en una de las esquinas del Parque Central 10 de Agosto, en una Casa de la época Hispánica, es decir, de aproximadamente trescientos años; cuenta con una variedad de literatura, donde hay libros nuevos y usados.
Han pasado los días, Alejandro viaja a la ciudad de Cuenca para asistir a la charla de Matus, específicamente a la Catedral Antigua, ubicada en la esquina de las calles Sucre y Luis Cordero. Ahí conoce sobre los misterios de la Edad Media Europea y varios secretos ocultos de varios alquimistas, cabalistas y gnósticos. Al culminar la charla Matus invita a Alejandro a tomar café colombiano en su vivienda donde tienen la oportunidad de conocerse con mayor profundidad.
Matus es de origen boliviano, se graduó de psicólogo, luego hizo una maestría en psicología jungiana y un doctorado en historia del chamanismo. Además, siguió cursos de psicoterapia transpersonal, constelaciones familiares, registros akáshikos, chamanismo, psicología transpersonal y constelaciones familiares del alma (Bert Hellinger).
Matus ya vive dos años en Cuenca junto a su esposa mexicana Carolina Saénz, quién es curandera que practica la medicina natural; es conocedora y amante de las plantas medicinales. Ha investigado sobre la manzanilla, la chancapiedra, la pasiflora, la ruda, el floripondio, la valeriana, la ortiga, la sábila y un gran etcétera. Ha realizado rituales de sanación con plantas sagradas como la Wachuma, la Ayahuasca y el Floripondio (Guantug).
Cada dos o tres meses Matus con su compañera Carolina organizan ceremonias de Temazcal en la zona de Chobshi, perteneciente al pueblo de Sigsig. Chobshi es una comunidad y un territorio ancestral, en el que se han encontrado muchos vestigios arqueológicos datados de ocho mil años antes de nuestra era, así como de quinientos años antes de nuestra era y de quinientos años después de nuestra era; si se lo visita se encuentra con la Cueva de Chobshi y el Castillo de Duma, pero además existen paisajes andinos extraordinarios y mágicos.
Gracias a Matus y su amada Carolina, Alejandro pudo aproximarse al mundo del ocultismo y el misterio. Esto le permitió tomar la decisión de convertirse en un escritor, ya luego estudió literatura en la ciudad de Cuenca. Soñaba con convertirse en escritor en España.
Después de años de esfuerzo, finalmente recibió una llamada para trabajar en ese país y cumplir su sueño. Con gran entusiasmo, viajó a Madrid para comenzar su aventura en el mundo literario español.
En Madrid comenzó su trabajo en una de las más famosas librerías de la ciudad. Allí, descubrió un mundo completamente nuevo en el que cada día aprendía algo nuevo. Pasaba sus días sumergido en los libros y el contacto con escritores y lectores famosos en la tienda, y sus noches explorando las vibrantes calles, bares y discotecas de Madrid.
Gracias al dueño de la librería donde trabajaba, Alejandro pudo aproximarse al mundo de la literatura de terror, suspenso y misterio. En Madrid tomó varios cursos de escritura creativa, cultura gótica y terror.
Alejandro poco a poco va teniendo mejores ingresos mensuales, gracias a que ha escrito libros con el apoyo de algunas Editoriales como Valdemar, Plutón, Manus Sinistra, Kier y Kairós. Además, se ha dado a conocer al ser invitado a dar entrevistas en varios programas de radio, televisión, Youtube y otras redes sociales.
Un día decidió visitar la biblioteca nacional en Madrid, mientras daba vueltas por las estanterías, observó una mujer alta y esbelta de aproximadamente unos veinte y cinco años que también se encontraba entre los libros. Sus ojos se encontraron por un instante, y Alejandro sintió como si el tiempo se hubiera detenido. Ella comenzó a hablarle en un español con acento argentino y descubrió que se llamaba Ana.
Ana se interesó por su trabajo como escritor, y Alejandro comenzó a compartir algunos de sus pasatiempos e inquietudes en el ámbito literario. Descubrieron que ambos compartían una pasión por las letras, y pronto comenzaron a intercambiar historias y recomendaciones de libros. Tenían muchos intereses y puntos en común en la exploración de los matices humanos.
A medida que pasaban los días, Alejandro sintió la necesidad de explorar más allá y viajar por diferentes ciudades en España, visitando bibliotecas, librerías y editoriales. En cada lugar que visitaba, la estudiante argentina lo acompañaba.
Viajaron juntos a Sevilla para visitar el Archivo de Indias, un lugar que los impresionó por la cantidad de información valiosa sobre la historia de América Latina y el Ecuador que se ahí se encontraba.
Después de Sevilla, Alejandro visitó Barcelona,donde visitó las librerías más famosas de la ciudad como Laie, Central y Calders. Se maravilló al observar la abundante cantidad de obras de literatura catalana y cómo estaban integradas en la cultura española.
Alejandro también enfrentó ciertas dificultades en Europa, extrañaba su país y su cultura, y a veces sentía dificultad para adaptarse a la forma de vida española. Sin embargo, siempre encontraba consuelo en las palabras de sus escritores favoritos que hablaban en sus libros sobre sus propias luchas y dificultades.
Después de dos años viviendo y trabajando en España, Alejandro decidió regresar a su país para vivir en la hermosa ciudad de Cuenca, pero su experiencia en Europa no había sido en vano. Había aprendido mucho, había conocido a gente maravillosa y había hecho realidad su sueño de convertirse en un escritor en el género del suspenso, terror y misterio. Y, lo más importante, había logrado compartir la riqueza de la cultura ecuatoriana con España, a través de sus libros y conferencias.
Seis meses después, luego de que estuviera en Argentina, Ana viajó hacia Cuenca para visitar a Alejandro.
Alejandro y Ana vivían en la hacienda de los abuelos de Alejandro. Al cabo de un tiempo él empezó a ausentarse, dejándole prácticamente sola en aquella enorme y tenebrosa hacienda antigua que databa del siglo XVII.
La joven argentina pasó tanto tiempo sola que empezó a aburrirse y decidió curiosear un poco. Todo era oscuro y tenebroso... Parecía que ese lugar ocultaba un misterio. En el callejón, al fondo había una escultura grande con una pequeña plaqueta debajo que decía: "Federico Gonzáles Suárez (1844 - 1917)" y detrás de ella, una puerta con una escalera que conducía al subsuelo...
Caminó por esas escaleras oscuras y se encontró con una gran biblioteca oculta; estaba llena de telas de araña y los muebles parecían muy antiguos. Empezó a observar los libros, y se dio cuenta que habían de varios temas ligados a las crónicas ecuatorianas, cristianismo, poesía, medicina, derecho, etc.; pero lo que más le llamó la atención es que había unos grimorios en un baúl. Estos grimorios tenían símbolos, gráficos, hechizos y estaban escritos en una lengua muy ancestral ilegible.
Alejandro solamente llegaba a la sala de la hacienda en las noches para mantener largas conversaciones con Ana junto a la fogata, luego cenar y tomar vino, a veces escuchaban música.
Mientras pasaban los días, Ana seguía frecuentando, durante el día, la biblioteca en el subsuelo de la hacienda. Empezó a investigar sobre la figura de Federico Gonzáles Suárez, conociendo así su historia de vida (biografía) y se dio cuenta que era uno de los más importantes teólogos e historiadores del Ecuador.
Gonzáles Suárez había tenido una gran biblioteca con libros de varios cronistas de Indias como Pedro Cieza de León (1520 - 1554), Pedro Sarmiento de Gamboa (1530 - 1592), Felipe Guamán Poma de Ayala (1534 - 1615), Bernardo Cobo y Peralta (1582 - 1657); así como del historiador y sacerdote Juan de Velasco (1727 - 1792) y del abogado, político y escritor Pedro Fermín Cevallos (1812 - 1893). Aquella biblioteca estaba al frente de los ojos de Ana, complementada con otros libros de la familia de Alejandro.
Una noche, en una conversación entre Alejandro y Ana empezaron a escuchar unas voces que salían de la biblioteca; el escritor bajó con su linterna para ver qué sucedía, pero entre la oscuridad solo salió un gato negro que se dirigió hacia el patio central y luego subió al tejado.
Al siguiente día, Ana al caer la tarde nuevamente escuchó unas voces que venían de la misma biblioteca; se acercó a uno de los estantes y en la parte de atrás había una gruta decorada con una roca denominada turmalina negra. Al tocar la gruta, ella tuvo una especie de sueño.
La argentina salió caminando desde la biblioteca y fuera de la hacienda, se dirigió al centro de la ciudad de Cuenca. Se sorprendió al ver las calles con algunos caballos en vez de vehículos. Entró a la cafetería "El Morlaco" alrededor del Parque Calderón, que estaba junto a la Catedral, tomó un periódico y vio la fecha que decía seis de junio de mil ochocientos setenta y ocho, preguntó al mesero admirado ¿Qué día es hoy? y le respondió la misma fecha del periódico.
Había viajado en el tiempo cien años atrás, aún no existía la Catedral de la Inmaculada Concepción, sino solamente la Catedral Antigua ubicada en la calle Sucre. Se enteró que el arzobispo de Cuenca era Federico Gonzáles Suárez; este mantenía una disputa intelectual y política con los liberales, especialmente con el abogado y escritor José Peralta, que estudió en la Universidad de Cuenca. El Liceo de la Juventud era una prestigiosa institución educativa que tenía a uno de sus principales poetas y escritores, Remigio Crespo Toral.
De pronto, ella sintió que se había despertado de este sueño mientras estaba en la Biblioteca de la Hacienda. Se quedó sorprendida y enamorada de la cultura literaria e intelectual del siglo diecinueve en esta ciudad andina del Ecuador. Por ello, se dedicó a escribir cuentos sobre la cultura cuencana y ecuatoriana, así como sobre sus principales historiadores e intelectuales. Mientras en las noches seguía compartiendo sus conocimientos de literatura a Alejandro que trabaja en una novela de terror.
Durante los siguientes meses, Alejandro y Ana viajaron por varios países de Sudamérica, visitando Perú, Bolivia y Chile. Siempre se tomaban el tiempo para explorar y apreciar la cultura de cada país. Cada año se iban de visita, a los familiares y amigos de Ana, en Buenos Aires (Argentina) y con frecuencia tenía instancias de aproximadamente seis meses.
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